MÁXIMA ACUÑA NO ESTÁ SOLA 

Ilustración para la campaña 'Máxima no está sola' de Amnistía internacional. 

Máxima Acuña Atalaya (1970) es una agricultora y defensora ambiental peruana. Conocida por su lucha contra el megaproyecto minero Conga de propiedad de Newmont Mining Corporation y Compañia de Minas Buenaventura, por lo que recibió en abril de 2016 el Premio Medioambiental Goldman.

HISTORIA DE MÁXIMA

Máxima Acuña Atalaya de Chaupe vive en la comunidad de Sorochuco, distrito de Celendin, Cajamarca, Perú. Viviendo a más de 3,200m sobre nivel del mar, su casa es una de las últimas que todavía queda en frente de la Laguna Azul. Máxima ha vivido allí por 24 años, y compró su tierra en 1994. 

En 2011, la empresa Yanacocha cambió su vida para siempre con el prospectivo proyecto ‘Minas Conga’. En su mayoría, es propiedad de la empresa de EE.UU, ‘Newmont Mining Corporation’ y respaldada por la compañía peruana ‘Minas Buenaventura’ y el Banco Mundial. El proyecto presume ser una mina de cielo abierto de oro y cobre con un área de más de 2,000 hectáreas – 20km2, destruyendo cuatro Lagunas que proporcionan agua a los pobladores de Celendin y Cajamarca.

Desafortunadamente para Máxima, parte de la concesión otorgada para el proyecto prospectivo Minas Conga incluye su casa y terreno. En 2011 Máxima se negó a vender su única pertenencia a Yanacocha. Como consecuencia, ella alega que una campaña de intimidación, criminalización y violencia siguió.

“Puedo ser pobre. Puedo ser analfabeta, pero sé que nuestros lagos de montaña son nuestro tesoro real. De ellos, puedo conseguir agua fresca y limpia para mis hijos, para mi marido y para mis animales! … ¿Sin embargo, somos los que debemos sacrificar nuestra agua y nuestra tierra para que la gente de Yanacocha pueda tomar el oro de vuelta a su país? ¿Se supone que sentarse en silencio y dejar que ellos envenenen nuestra tierra y el agua?” (Máxima Acuña)

Máxima vive en una zona rural, remota, aislada y vulnerable. Desde que el conflicto con la empresa minera comenzó, ella no puede planificar su futuro ya que cada día es una incógnita. Máxima vive en permanente preocupación por la criminalización a la  que está siendo sometida, que puede resultar en su desalojo y perdida de su terreno, su fuente de sobrevivencia.  Ella tiene miedo de salir de su casa por si la policía vuelve una vez más a destruirla y lastimarla a ella y a su familia. El 5 de mayo 2014, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos otorgó medidas de protección a los cuarenta y seis líderes de la comunidad, incluyendo Máxima y su familia. 

CAMPAÑA 'Máxima no está sola': www.maximanoestasola.pe